Me agrada tanto escribir, mucho, mucho, mucho; pero también me agradan otras cosas como el cine, la lectura, el trabajo, un tiempo para detener mi marcha irremediable hacia la muerte y observar el destino de cada ser animado o inanimado que ruge como piedrecillas por el río de la vida rumbo hacia el océano de la muerte o vida eterna...
Me siento como un dios de momentos frescos cuando subo a una loma de bordes agradables y dulces, y me pongo a jugar con las nubes a través de mis ojos y pensamientos, con todas mis fantasías donde puedo inventar laderas de algodón, pinturas deformes, gigantescas que mueven sus miembros, sus cadáveres, y luego, se desmenuzan como el humo de un cigarro, como una porción de dulce de algodón sobre los labios de un niño engreído por sus padres.
Cuando entiendo estas cosas me gusta expresarme, escribir… ¡Libre!, libre sin mirar a los lados, a los cantos ocultos, sin escuchar las voces dudosas de cada personaje que existiera en mi vida, así como las manchas hechas de piedras del pasado. Y escribo como esas aves en el cielo que dibujan arabescos, formas que cantan su propia libertad, curvas sensuales y llenas de gritos de amor, bailes de llenas sinfonías y armonías jamás vistas y escuchadas...
Me agrada vivir sintiéndome una partícula de todo lo creado. Me agrada parar un momento en la vida y escribir acerca del instante en que tú y yo leemos estas líneas, escritas con la sangre de un dios, de una pequeña partícula de un dios de los dioses...
San isidro, diciembre del 2005
El camino del sueño
La mujer que no podía tener un hijo
El último poema
El hombre mas rico del mundo
Testigo de un Cuento
La isla de dios
Devoción
Anhelos de una Imagen
Navegando en la vida
Cáncer
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