Estoy trabajando duro y parejo. Le doy de alma al trabajo para cenar unos buenos frijoles y, si algo me queda, comprarme uno que otro libro que tanto anhelo leer. En estos tiempos de tanto ajetreo uno no tiene tiempo ni para soñar como se debe, y eso es verdad pues muchas veces cuando cierro los ojos una maraña de personajes con quienes laboro se me aparecen como gigantes y con los dientes así como un Doberman, por eso no me gusta mucho cerrar los ojos... mas me gusta leer una que otra novela, ensayo, o escuchar esa música para muertos como le llama mi familia a la música clásica. Me encanta Beethoven, mas que Mozart, pero ese es mi gusto, ese es mi pequeña isla en medio de tantas máquinas, personas que no dejan de laborar para juntar un poco de plata y descansar los domingos con litros y litros de alcohol, sexo y bailoteo. No es que me crea un santo, no señor. Soy como uno de las tantas hormigas que van por allí en la calle con sus terrones de sueños, ideas y demás pensamientos pero que cuando encuentra un libro, uno de esas joyas que llenan el alma se siente que está en un pequeño oasis, en una isla repleta de tierra, de sueños, de anhelos, de eso que llena el corazón...
El día más hermoso...
La soledad de un impulso
La feria del libro
Me detuve un momento...
El camino del sueño
La mujer que no podía tener un hijo
El último poema
El hombre mas rico del mundo
Testigo de un Cuento
La isla de dios
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