la tarde se hace amiga
susurrando colores y tiernos bailes,
guardo un canto hace mucho:
un niño y un ángel...
se miran las caras para siempre,
uno ríe mientras otro llora...
la tarde germina adobada de madre
y con un manto incoloro
recoge al ángel,
mientras el niño no cesa de llorar…
hay un ciego observando el más allá de la vida,
se le acerca,
tocando aquel llanto con la mano del silencio
y escucha el hambre del afecto,
entendiendo la sed verdadera,
corriendo sin parar con su luz en la otra mano,
cortando el tiempo y todo espacio,
abriendo de un tajazo
la cortina del mundo de esmaltes oxidados,
arrancando al niño de su llanto,
llevándole un regalo, un sueño...
todos duermen en la tierra,
mientras el ciego observa la siesta de un niño
a la luz paciente de una luna,
y ante los ojos grandes de un cielo embreado...
nada perturba aquel cuadro infinito
cuando el brazo de un dios colorado
recoge dos cuerpos apegados a un sueño...
ambos despiertan a la luz de un sol,
de una aurora que no se apaga...
frente a ellos se halla una madre y un ángel,
todos se abrazan como sierpes de un lejano paraíso,
naciendo estrellas de colores
y cantos que sombrean un poema...
un poeta sus ojos ciegos baja,
escribiendo en un cielo albino,
a la luz de una vela
y a la sombra de su celda,
el sueño de un día
y el despertar de una noche…
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