vi a un hombre de sombrero. no sé por qué, le seguí a distancia. su sombra era mas grande que él, por supuesto, era de noche. no había nada en las calles, ni siquiera un perro, tan solo yo y ese hombre de sombrero. llegamos a un parque. se sentó frente a un torso de un poeta conocido por el mundo, ya muerto, por supuesto. hablo de ese de: "...moriré en parís...". le vi mirar el torso y sacar un libro de su saco y, a la luz de la luna, ponerse a declamar en voz alta. está loco, pensé. pero su voz era linda, así como la voz de dios o de esos santos del siglo uno. seguro que hace un milagro, volví a pensar. de pronto, dejó de declamar y observé que soltaba el libro al piso. pensé que iba a desmayarse, pero no, no pasó eso, mas bien, se quitó el sombrero y pude ver su rostro alumbrado por la luna. era un tipo mayor, de mas de ochenta años. me acerqué un poco mas y pude verle la cara. era de rasgos delicados como un ángel y su cabello era largo como el de una mujer, canoso y sus ojos, sus ojos eran especiales, muy especiales... pude ver que no cesaba de mirar hacia la luna cuando de sus ojos brotaron como chispas de luz, estrellitas quizás, o, algo así que salían y salían como si sus ojos fueran un volcán de estrellas que salían lentamente y en ondas, como si tirara una piedra en un apacible lago produciendo ondas y más ondas, en este caso, eran ondas de estrellas que iluminaban el cielo hasta llenarlo de ellas... es hermoso, pensé. cerré los ojos ante tanta maravilla, y cuando los abrí, estaba parado frente al torso de cobre del gran poeta... sonreí. bajé la mirada y empecé a volver a mi casa. y cuando estaba cruzando el parque, vi a un anciano sentado en una banca. tenía un sombrero, y lo cogía en sus manos. me asusté un poco, pero me acerqué, y cuando llegué a su lado, éste sonrió y alargó sus manos hacia mí, pidiendo caridad. saqué unas monedas y las dejé caer en su sombrero. ya estaba por irme cuando noté que su sombrero empezaba a brillar, al igual a las estrellas... seguí caminando sin darme la vuelta cuando vi que el cielo entero se llenaba de estrellas con una luna enorme y redonda, que parecía estar tan sorprendida como yo...
san isidro, agosto del 2007
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