dos gatos paseaban por la calle mientras veía la televisión a mas de la media noche, y, a mas de un centenar de ideas que lloraban por mi atención. los gatos son seres hermosos, pensé. salí a la calle y empecé a acercármeles. no se movieron hasta que sintieron un ruído en medio de la calle. era un auto con los faros encendidos que se detuvo en medio de la calle. ¿le ocurre algo, señor?. quise mirarlos pero la luz de sus faros tan solo mostraban sus espectrales y alienígenas sombras. seguí callado y cuando estaba alejándome del auto y sus seres interiores, escuché una risotada. luego, arrancaron, gritando improperios y sandeces, frutos de una noche fría y embriagada por la demencia de las sombras. entré a mi cuarto y subí a mi pieza. vi mi cama y me eché sobre ella. cerré los ojos y los ojos de los gatos siguieron mirándome. vengan, les dije en silencio, vengan y enséñenme la magia de la noche. miau, escuché mientras sus ojos se perdían em mitad de la oscuridad de mi inconciencia. estoy solo, sentí. miau, dije. miau, volví a decir con los ojos cerrados... nada, silencio. de pronto, supe que el gato era yo... sí. abrí los ojos y vi mi marga cola, mis uñas y mi negro pelambre en medio de mi pieza...
san isidro, agosto de 2008
crítico
HAMBRE
el fin
la copa
la última espera
habla memoria
oraciones encendidas
semillas
bajo mis letras
como cualquier cosa
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