me encontraba en la puerta de mi casa cuando dos hombres me dieron de alma, dejándome como un pobre idiota, tirado en el piso lleno del agua del cielo... desperté y con mis manos pude levantarme. sucio, sentí. toqué la puerta de mi casa y salieron los ladrones. ¿qué quiere?, preguntaron. nada, les dije mientras ellos se daban media vuelta y entraban a mi casa que ahora, por el momento, no lo era. iba a llamar a la policía, pero lo dejé ser y seguí sentado frente a mi casa. extrañamente han pasado varias semanas, luego, meses y años y aún no se han ido. mas bien han crecido en número. salen niños a pasear por mi lado, me dan una limosna y siguen con sus vidas felices. hay veces en que veo a los antiguos ladrones que ahora tienen auto, trabajo, familia y hasta hace bellas y alegres y discretas reuniones sociales... les dejo ser, siempre sentado frente a ellos, en una banca del parque que está frente a la casa... y, recuerdo cuando vivía en ella. realmente no era feliz, ni un solo día lo fui, mas bien, era muy triste, tanto que me apodaron tristón... verlos ahora felicez desde afuera me da cierta alegría. supongo que algún día sabré el secreto de esa gente que un día me echaron de mi casa para ser completamente felices... en fin, mirarlos me hace bien, pues, a pesar de todo, sus obsequios que dejan en mis manos, que son comida y un poco de trapo para cubrir mi cuerpo, me es suficiente para seguir contemplando su bella felicidad...
san isidro, agosto de 2008
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