Viernes, 11 de noviembre de 2005
Llegué tarde al entierro, sin embargo me quedé un rato frente a la tumba de mi hermano menor... Creo haber conversado en silencio con él por mas de tres horas, le dije todo lo que sentí al no poder visitarlo en su lecho mientras agonizaba ni siquiera cuando cayó enfermo, es que siempre le tuve odio, sobre todo que fui yo quien ocasionó su grave enfermedad del corazón. Fue terrible recordarlo, pero allí, bajo cinco metros bajo tierra le explicaba que tuve que hacerlo, que tuve a abusar de su menor hija de quince años pues soy el ser mas corrupto de la tierra... Imagino que ustedes que leen estas líneas desearían verme en el lugar de él, pero si supieran que fue mi hermano quien tuvo la gracia de comprar con todo su dinero el amor de mi esposa, haciendo que me abandonara, quedándome como una cucaracha en mi casa, silenciosa, sin niños pues todos se fueron con ella. Quizás ella tuvo razón al dejarme pues yo había nacido para el fracaso, y a todo problema que llegaba acudía a mi súper hermano quien siempre me ayudaba, siempre, siempre.

Hasta ahora no entiendo como pude hacer semejante salvajada pues yo siempre fui tan sensible, siempre me entregaba a mi propio dolor, pero, aquella vez, aquella en que pude ver a mi hermosa sobrina desnuda en la puerta de su cuarto no pude resistirme y caí donde los demonios de todos los mundos moran, y sentí lo que es el odio verdadero. Fue terrible verle su cara, suplicante ante mis deseos, besándola como esos perros sin dueño, cogiéndola por sus bracitos y haciendo lo que ni en pesadillas uno puede imaginas... Y allí, allí, mi hermano mirándome tras la puerta, mirándome con una barra de acero, listo para clavármela en la cabeza. Yo iba aceptar todo su castigo, pero no sé si fue aquella extraña luminosidad que cayó sobre sus ojos, o aquel viento que empujó las cortinas haciendo que dejara todo y cayera como un saco lleno de mierda, desparramándose como esos títeres sin hilos... Nunca mas volví a verle, pero estuve al tanto a través de mi sobrina que siempre acudía a verme, a mi cuarto, y allí, nos embarrábamos de mierda, de pecado, de todo aquello que estaba prohibido... Sino fuera porque aquella extraña luminosidad no se me apareciera nuevamente y pude verme a mi mismo como en un espejo, y ver lo sucio, bajo, miserable en que estaba sumergido, no pararía.

La tuve que dejar y empezar a aprender a ver, escuchar, entender a aquella luminosidad que con el tiempo entendí que era algo como un ángel, dios, o un ser de otro planeta, no sé, pero desde aquel día nunca más me he vuelto a sentir solo. Abro los ojos en la penumbra de mi cuartillo y allí le veo, le observo con respeto y devoción... Le sigo muchas veces cuando me pide que camine por la calle y pida comida a cualquier vecino, siempre acompañado de una sonrisa de oreja a oreja, y yo le hago caso. Todo funciona como un reloj. Mi vida se simplificó. Mi familia, después de la enfermedad en que cayó mi hermano trataron de volver pero los rechacé, y no por mí sino por la luminosidad que no los deseaba a mi lado, tan solo gustaba que la soledad y el mundo natural me acompañara, en verdad mi vida se volvió así como los pajarillos del bosque...

Pero mi hermano murió, lentamente, así como el día que se oculta por el sol, y vuelve a su negra oscuridad, pero yo sé hacia donde se va... Eso es lo que les decía, mi hermano si bien se halla bajo cinco metros bajo tierra, ahora parece estar fundido en aquella hermosa luminosidad. Nunca le he visto allí, pero le siento, sobre todo ahora que le estoy rezando en su tumba y esa hermosa lumbre se abre para mí como si fuera un sol, un brillo del cual no tengo palabras pero que se siente que es el puente hacia las bellezas de todas las bellezas... Y vi que hacia allí mis oraciones, conversaciones con mi hermano caían como esas piedrecillas uno las tira hacia el fondo del mar, y sabe que se hundirán hasta lo más profundo de ella. Así siento mientras converso con mi hermano mientras aquella lumbre me pide que camine hacia mi hogar, que ya fue suficiente, que todo es una rueda de rayos delicados así como una estrella. Le escucho y voy camino hacia mi casa, pero esta vez me pide que camine sobre las aguas. Lo hago sin dudar un segundo y no me hundo, pues veo que mi alma me abraza con sus suaves alas...



San isidro, noviembre del 2005
Publicado por joeblisouto @ 3:06
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