Lunes, 20 de febrero de 2006
Me agrada parar, a pesar de todas las angustias provenientes de un mundo implacable de desorden o de relativo y arbitrario orden. Me agrada sobre todo escribir con la palma de mi mano y el corazón como fuente de impulso o fuerza al describir este sentimiento. Y este es el más puro de todos los amores que no tiene reparo en elegirse ni elegir a nada ni a nadie. Se da como este aliento que se da y se da y sólo parará cuando al creador le dé su real gana, su gana de manifestar una vez más su bondad vestida de dolor, para quienes no entiendan nada o poco acerca de la eternidad, pues ella es una señora agradable pero demasiado bella y hermanada como para tocarla, se halla en cada uno de nosotros, respirando con el vaivén del aliento pues se sabe su única naturaleza que pueda encerrarla.

Me agrada cuando leo una obra literaria con paciencia sin mirar las hojas que me faltan y cuando siento ese aire puro que encierra el secreto de la hermosura sin forma ni carne ni color, tan solo sentimiento, el aroma que se abre, libre, libre como el viaje de un ave sobre los chorros de aire que todos respiramos...

No deseo que nadie me crea, pero estoy vivo y acabo de morir y he vuelto a vivir como hacen los que entienden la riqueza de la muerte y la vida así como los dos lados de una moneda metálica...

Izaré las velas de este ahora y ella navegará por este mar de momentos, accidentes, alegrías y, sobre todo, estas letras que sólo se dan cuando el amor brota cual perfume escondido del frasco del corazón universal...


Lince, febrero 2006
Publicado por joeblisouto @ 4:19
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