Domingo, 26 de febrero de 2006
1

He escuchado la voz de un dios, y ha llenado todos mis sentidos, y luego, lleno de ese impulso vital he recorrido todas las bolas de agua y tierra, el cielo estrellado, pero, para mi asombro, no he visto una sola huella tras de mí periplo…

2

Puedo decir que la vida y la muerte se hallan jugando como la sombra y su imagen, atadas y en eterno movimiento, mientras yo aún continúo observándoles, apreciándoles a la diestra de los dioses…

3

Los ojos de un niño inocente se asemejan en pureza al canto de las aves cuando el alborear se asoma tras la noche, tras el sueño de un dios…

4

He vivido y he muerto hace mucho, y ahora aquí, todo es incoloro, indolente, todo es ausencia total… sin embargo, hay un sentimiento que me abriga, como refugio ante toda existencia… ¿Será el sentimiento de un dios? ¿Seré dios chupando la ubre de un sentimiento?... No lo sé, pero, qué bien se está bajo los brazos de algo que no puedo describir, pero sí sentir, expresar en la forma de un canto, el canto de los dioses…

5

Veo a mucha gente cruzándose ante mí. Observándoles con gran detenimiento, presiento un frío pudor, algo así como un cosquilleo en el centro de mí ser que me llena de inquietud, sintiéndome sin pellejo, desnudo, frágil como una pompa de jabón… ¿Será que soy un ángel perdido? ¿Un dios enjaulado con rejas de carne, huesos, pensamiento, ideas? Por ello presiento que soy un vago, espía insospechado, que pierdo el tiempo frente a la gente, mientras el tiempo continúa girando con las cuerdas de un gigantesco reloj ante los cuerpos de toda esta gente enmarañada bajo sus cuerdas… mientras se cruzan frente a mí…

6

Clavé una tachuela en una de las cuatro paredes de mi cuarto, luego busqué el cuadro con la foto de mi rostro y la coloqué en la mitad de la pared colgada sobre el clavo. No sé por qué, pero desde aquel día, percibo que el cuadro vigila cada instante de mi vida… Siento en su mirada una divina magnificencia. Espero algún día que me exprese qué quiere, el por qué no cesa su vigilancia… ¿Será que allí, tras sus ojos, se hallan los ojos de uno de los dioses?

7

La noche me encanta, sobre todo cuando la cierro y abro los ojos desde el techo de mi casa, admirando su oquedad, su oscuridad frente a la mía… No sé por qué la siento hermanada, compasiva… Quizá se halla igual que yo, es decir, observando la profundidad de mi existencia con la suya, cuando se halla con los párpados cerrados, o cuando los abre…



Lince, febrero de 2006
Publicado por joeblisouto @ 3:34
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