Domingo, 07 de mayo de 2006
Tenía una cita con un oculista, todo fue a petición de mi madre que acababa de llegar de París con una montura de titanio para unos lentes progresivos que costaban una fortuna. Y bueno, fui al oculista por las razones mencionadas y en la puerta vi una cola de cinco personas, todos ellos eran ciegos, y todos usaban gafas negras, pero el hecho de verlos juntos con esa presencia de muertos vivos me hizo sentirme extraño, como fuera de este mundo... Me puse detrás de ellos como era la cola de entrada al consultorio del oculista cuando sentí que uno de ellos me preguntaba mi nombre. Se lo di con cierta inseguridad, y no lo entendí, porque, qué daño, que miedo tendría que tener por estos cieguitos, nada por supuesto, pero allí estaba, tras ellos y con mi nombre que parecían estárselos saboreando en sus silenciosas bocas... Luego, otro de los cinco me dijo si deseaba escucharlo. Callé, y no sé cómo, de mis labios salieron como temblorosas maripositas, una palabra: si. De pronto, todos ellos se tocaron las manos y el que me pidió escucharlo me dijo lo siguiente:

"Cuando entendí que toda mi familia querían ser felices, me puse a llorar, pues, ¿cómo diablos podría hacerlos felices si yo no lo era?... Eso fue lo que les dije y ellos me escupieron a la cara, y luego, me lanzaron a la calle para que les solucione sus problemas inmediatos como ropa, comida, dinero, etc... Quiero decir que yo era el sostén de mi familia compuesta por mi madre, padre, un hermano lisiado, mi esposa y un hijo pequeño. Salí a la calle y mientras me alejaba de ellos sentí que no debería volver a verlos nunca mas... Mis sueños se cumplieron porque no pasó un minuto cuando un auto se subió a la vereda en donde caminaba yo, y me atropelló como si fuera un juego de palitroques. Fue terrible, para ellos, pues, quedé ciego para el resto de mi vida. Cierto que estuve en coma por varios meses, pero cuando salí, y abrí los ojos, vi que todo estaba aún negro, mas negro que la noche... Era terrible, pero, no sé cómo, escuché, olí a toda mi familia alrededor mío, preocupados, asustados, llorando por su suerte, seguramente. Y así la pasé por meses hasta que me mandaron a mi casa y allí si fue terrible pues nadie deseaba ocuparse de mi, nadie, ni siquiera mi perro, nadie... Así que, después de estar en plena oscuridad por meses, en uno de esas decidí que debía salir de mi casa y no volver jamás, quería morirme, no ser una carga para nadie. Lo pensé por días y días hasta que sentí que en aquel momento debía salir y no volver. Me vestí como pude y, le diré algo increíble, pude desarrollar ver a la gente, pero no como algo de color, sino como si todo fuera en negativo, como si estuviera viendo un canal invertido, algo así... Salí a la calle y no necesité ver, nada de eso, sentía que estaba protegido por algo que me hacía ver el brillo de todas las cosas, su eco, su aroma todo... Y así fue como me fui a la calle, luego, a otra ciudad, otro pueblo, hasta llegar a otro país... Y en el camino encontré a estos chicos que usted ve aquí, que también llegaron al mismo lugar pero por diferentes caminos y formas. Unos nacieron ciegos, otros no... Podría seguir contando, pero, creo que ya ha sido suficiente... "

Le iba a preguntar el por qué me había confiado su historia, y él, como si escuchara mis pensamiento, me dijo que porque muy pronto llegaría al mismo camino, el camino de los ciegos... No se equivocó pues cuando apareció el oculista me dijo que en unos cuantos meses perdería la vista por completo. No sé por qué lo tomé con calma, era como si siempre lo había esperado. Y cuando salí a la calle, vi a los cinco ciegos esperándome. Les tomé de la mano y les seguí para siempre. Nunca mas volví a ver a mi familia, y a pesar que pude ver por algo más de un año, al final pude quedarme tan ciego como los cinco ciegos que estaban esperando su cola, en su camino de ciegos... No me quejo, tengo tiempo para hacer lo que mas he amado que era escuchar música clásica, es mas, tuve tiempo de aprender a tocar el piano que tenía uno de los cinco ciegos en una casa... Hay veces en que salgo a la calle solo, eso ocurrió cuando perdí el miedo a la muerte, cuando entendí que la muerte y la vida ya no importaban a uno que ya no cuenta para este mundo lleno de obligaciones y deseos por encontrar la felicidad, algo que, como después lo supe, estaba tras la cortina del fondo de mis ojos ciegos... Era un camino especial que, al igual a todos los caminos verdaderos, se abre cada vez más y más y más....



San isidro, mayo del 2006
Publicado por joeblisouto @ 5:25
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