Sábado, 22 de julio de 2006
Caminando por la calle, en una esquina de mi barrio me choqué con mi sombra. La miré y ella me miró a mí. Le pregunté porque era así. ¿Cómo?, me dijo. Negra. Soy la sombra, y todas las sombras somos así, seguimos a las personas por la noche, nos alargamos, encogemos, desaparecemos cuando llega la luz... Le miré, me le acerqué hasta tocarla con mi dedo, estaba fría, aburrida, como yo, y no quise saber más… Continué caminando y en otra esquina vi la sombra de otra persona. Volteé para ver a la persona pero no vi a nadie, tan solo la sombra. ¿De quien eres la sombra?, le pregunté. De uno que aun no llega a esta esquina. Y, ¿es buena persona?, pregunté. Si, es buena persona. Miré a mi sombra y me le acerqué hasta pegar mis labios a su oído. Quiero que juguemos, le dije. ¿Cual juego?, preguntó. Juntar, coleccionar sombras, y guardarlas en un saco, así puedes cambiar de formas cuando quieras y no me aburres ni te aburres de verte siempre igual ¿no? Me miró y asintió. Le vi acercándosele a la sombra del hombre bueno y le cogió del cuello, metiéndole dentro del saco que tenía en su brazo. Ya, me dijo. Y así la pasamos juntando sombras durante toda la noche. Teníamos de todo, hombres, mujeres, niños, postes, carros, todo, todo... hasta que llegó el alborear y retorné hacia mi casa. Busqué un lugar oscuro y le pedí a mi sombra que me mostrase nuestro motín. Me las mostró y me dieron pena, parecían asustadas, aglutinadas en una masa negra. Suéltalas, le dije. Ya, respondió. Cogió una vela y la metió en su sacó haciendo que todas se disolvieran como cenizas por el aire… Miré a mi sombra, me le acerqué y le di un beso en la frente. Estaba helado, prendí la luz del cuarto y se fue...


San isidro, julio de 2006

Publicado por joeblisouto @ 9:16
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