Lunes, 13 de agosto de 2007
Era hermosa...

Tenía los ojos cerrados. Su nariz recta, perfecta y fina como una hoja. Sus labios no eran como herida de sangre, no, era como una rosa abierta, bondadosa y aromática. Sus cejas eran lineales, curvas y aunque eran vellosidades, eran una marca sagrada. Su piel era morena, así como cuando se hornea el pan y sale caliente del horno. Su cuello era delgado, largo, pero no recto, curvado y gentil y hermoso como el de una cigüeña. Sus cabellos eran ni largos ni cortos, eran escasos, negros y podía ver la raíz de su cabeza. Su rostro tenía la forma de una piedra tallada, sin tiempo, eterno.

Era hermosa...

No era un sueño, no, era más que un sueño. Era una visión, de esas que ves lejos de todo, dentro y afuera de ti y que queda sellado en tus olas internas, susurrando su nombre imposible de pronunciar. No se movía, tan solo su cabello escaso y negro, que llegaba a tocar como hilos sus rectos hombros, que eran como una montaña, sosteniendo aquel rostro de piedra sagrada sin tiempo.

Era hermosa...

Abrí los ojos y aún estaba en el mundo. Escuchaba los gritos de un perro. Los ruidos de un auto estacionado junto al mío. La gente seguía viviendo. El frío estaba por todos lados. El olor a llantas, perros, sudor estaba por cada lugar. Abrí más los ojos y vi que volvía a vivir esta vida con tiempo y angustias.

Era hermosa, le dije a un amigo, a mi madre, a mi perro, a mi sombra, a la noche eterna...

Era hermosa, y era eterna, pues, latía dentro de mi templo sagrado, de este corazón que toda belleza absorbe y absorbe como si fuera un príncipe disfrazado de mendigo antes los ojos de un reino inmortal...



San isidro, Agosto del 2007

Publicado por joeblisouto @ 1:11
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