Jueves, 04 de octubre de 2007
tengo eso de cosas extrañas, miro mis manos y veo mis cinco dedos en cada uno de ellas. los recuerdo de años atrás, siempre largos y delgados, siempre con sus uñas a medio cortar, sucias, feas en otras palabras. una tarde le pregunté a mi madre qué le parecían mis manos. me dijo que tenía manos de trabajador. pensé que era verdad. trabajaba demasiado y casi por unos centavos. era joven y gustaba hacer las cosas sin pensar en nada mas que en lo que sentía en aquel momento. miré mis manos de joven y las limpié con un poco de agua en un caño del pueblo. estaban muy sucias, había cargado demasiada tierra en el jardín. era joven y hacía lo que se me venía en la cabeza. esa tarde me senté a ver el jardín y vi que parecía respirar o latir así como mis manos, mis venas. cerré los ojos y escuché una voz que decía en un idioma adánico que abriera los ojos y empezara a limpiar todo jardín. le hice caso y limpié todo el lugar que estaba lleno de piedras y mala hierba. mis amigos o curiosos que estaban cerca me miraban y pensaban que estaba loco. sonreí, no sé si porque me daban risa o porque hacía lo que quería y sentía hacer sin importarme nada mas que ello, como si la intuición fuera la voz de toda verdad. luego de recordar, salí a la calle y fui a una bodega. me encontré con una chica hermosa. la seguí por horas, hasta que llegó a su casa. la vi entrar y antes de que lo hiciera, la llamé. ella volteó y me dijo qué deseaba. me acerqué y le pregunté qué le parecían mis manos. se las mostré. ella las miró y luego miró las suyas. le miré sus manos y noté que eran manos muy pequeñas. tienes manos de ángel o niña, le dije. sonrió y me dijo que yo tenía manos de trabajador o de loco, pero uno de esos que no hacen daño a nadie ni a sí mismo, tan solo viven del tiempo y de la belleza y de sus manos. me gustó mucho sus palabras. le dije si podía tocar sus manos con las mías. dijo que sí. las puse palma contra palma, estaban cálidas. noté que eran pequeñas con respecto a la mías. ella me miró a los ojos y enroscó sus dedos con las míos. me sentí raro pero me dejé llevar. al rato se soltó de mis manos y me dio un beso en la mejilla, casi en la comisura de los labios. eres bello, me dijo... ¿y mis manos?, pregunté. sonrió y dijo que también. me alegré de su respuesta y me despedí con esos adioses de manos... la vi entrar, abrir la puerta de su casa y cerrarla. yo retrocedí hasta llegar a un árbol no lejos de su casa. me puse en una esquina y me fijé en las luces de la casa. todo estaba encendido. vi lo que pensé era el cuarto de la bella muchacha. pareció que aún no subía pues no veía una sola sombra ni de sus manos pequeñas... volveré, volví a pensar. me di media vuelta y decidí ir a mi casa. mientras caminaba jugaba con mis manos y la sombra que de ellas emanaba por la luz de la luna... era un lindo juego de sombras e imágenes de teatro nocturno, hasta que llegué a mi casa. entré y subí a mi cuarto. cerré mi puerta y luego, me puse a escribir, y mientras lo hacía, miraba mis manos como tentáculos de un desconocido ser... así estuve por dos horas, mirando mis manos, y luego me eché en la cama... antes de apagar las luces, miré mis diez largos dedos y la palma de mis manos y sus líneas que se cruzaban como queriendo dibujar la señal de mi vida... eran manos especiales y labradoras, mágicas... cerré los ojos y dormí el resto de la noche, tranquilo...


san isidro, octubre de 2007

Publicado por joeblisouto @ 7:47
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