Lunes, 15 de octubre de 2007
deseaba una mujer, cualquiera que satisficiera mis necesidades. recordé a una, pero el tiempo y la vida se la llevó a la otra orilla. traté de recordar a otra, y otra, igual, nada, nada de nada... quise hacer cualquier cosa y escribir un poema, dibujar, tomar una foto, comprar una cerveza, mirar la televisión. quise tantas cosas, y todas al mismo tiempo que supe que debía recordar el sentido de mi vida...

me paré y me puse a ver mis fotos, mis textos puestos en la Web. me reí de todo ello. soy una ilusión, el sueño de uno de mis personajes o simplemente un hombre escondido tras un sueño. en fin, cerré mis cosas y salí a caminar, como siempre, solo y derrotado antes de pelear conmigo mismo. me senté en un café y pedí el menú. todo era barato. de pronto vi a una avecilla que husmeaba un poco de comida o algo por el estilo, quién sabe si era una curiosa o curioso, no lo sé. le miré y con mi cámara le tomé una foto. me gustó verle allí, tras la muerte y la libertad. vino el mozo y me trajo el menú. le dije gracias. de nada, respondió. mi plato era un café y panecillos. me lo tragué en un segundo y luego salí del lugar.

llegué a un estadio de fútbol. entré. no había nadie. la cancha era verde. los dos arcos de madera y de color blanco. las señales blancas también. una avecilla pululaba por el grass como un pensamiento mío. me senté y me puse a mirar el cielo azul. era enorme y demasiado bello o sin nada que juzgar. cerré los ojos y todo se hizo negro. quedé dormido. cuando abrí los ojos cinco hombres me miraban. uno de ellos dijo: "es el loco". sonrieron y luego, me paré, y con mis sueños salí del bello estadio con sus arcos y sus líneas de color blanco.

caminé y vi la puerta de mi casa. entré y me senté en un sillón. el teléfono sonó... levanté el fono. era mi madre. me dijo si estaba bien. sí madre, respondí. la seguí escuchando hasta que de pronto ella se puso a llorar. le pregunté: ¿qué pasa?. estoy muerta, me dijo. quedé en silencio y colgué el fono... volví a ver las fotos de mi familia y la vi a ella. durmiendo en su féretro. con sus ojos cerrados y ese color de piel de cera, seca, fría tal como una estatua. lloré y mucho. cerré los ojos y traté de soñar. no pude. me levanté y vi la puerta de escape... era blanca y mis manos se arrastraron hasta ella. llegué al umbral y me puse a escribir. por Dios que me sentí muy bien, hasta que la noche me dijo que debía descansar. le obedecí y me puse a soñar... sí, lo juro, aunque volví a desea una mujer, pero esta vez supe que era un deseo, uno mas entre las montañas de deseos en un hombre...


san isidro, octubre del 2007

Publicado por joeblisouto @ 4:52
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