Jueves, 08 de noviembre de 2007
estuve leyendo un poco cuando observé en uno de los diarios de la ciudad y luego en la Internet que un señor llamado J. Littel había ganado el premio Gouncord 2007 de novela. esta nota decía que el autor contaba con cuarenta años y era hijo de un escritor de novelas policíacas y que durante su juventud había ayudado en las guerras de moda o las mas publicitadas. y que su novela de mas de novecientas páginas la había terminado en cerca de siete años, que estaba casado con una belga y tenía dos hijos, que vivía en España, que hablaba entre el francés, el ingles, español, alemán, hebreo y otros, y que el gobierno francés le había dado al autor judío-americano la nacionalidad francesa, ya negada hacía dos años. este señor era una persona famosa, reconocida y muy contento, imagino... sus libros se vendían como la coca cola, y recién había sido traducida al español por la editorial DEL NUEVO EXTREMO. en fin le tuve una gran y sana envidia por todo esto.

me veía a mí, sentado día a día, y, noche a noche escribiendo cuentos y poemas, pues para la realización de novelas se requiere de mas tiempo y dedicación y algo así como las ganas porque sí... y aunque ya había realizado una novela en poco tiempo, pero sin ningún reconocimiento ni menos fortuna, el vil metal en otras palabras, no sentí nada especial no singular como sí lo siento cuando escribo cuentos y poemas...

ante esto me puse a pensar, luego de estar leyendo una antología de escritores norteamericanos, y me dije si mi literatura tendría alguna fortuna o destino. me contesté que no lo podría saber enseguida. primero, porque no me gusta estar cerca a mucha gente, menos la fama y muchísimo menos las obligaciones superficiales, esas en la que se comprometen los escritores cuando tienen que promocionar sus libros en todo el mundo, aunque no les guste caras nuevas o el dinero. bueno, pensándolo bien, no es tan mala mi situación en ciertas circunstancias negativas o ahorcadas, impuestas...

salí un rato por el patio de mi casa y me puse a mirar las frías veredas de las calles, sus postes iluminados como velas de una torta de concreto sin nadie mas que la noche como invitado... sí, era magia entre la magia de un artista desconocido, de un ser que no puede ser diferente a sí mismo, que encuentra en sus pasos una huella o el sentido luminoso de su dulce interior, de su corazón... ese soy y aunque jamás sea nada para los que salen en las páginas y en la web, seré iluminado por la vida misma que cada noche me brinda la oportunidad de sentirme pleno, como esta noche en que el silencio y el ruido de uno que otro auto apurado me dicen que me valla a descansar, que ya di el jugo que emana de mi ser interior y que es para la noche y para ti y para mí... no sé para quién mas podría ser... quizá para J. Littel, si es que lee estas letras... sí, puede que sí...


san isidro, noviembre del 2007
Publicado por joeblisouto @ 3:30
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