Domingo, 20 de julio de 2008

sentía que nada valdría la pena cuando escuché hablar a una señora acerca de su vida anterior. iba a decirle que nada de ello podía comprobarse. me miró a los ojos y dijo que no importaba creerle, pues, hay cosas entre el cielo y la tierra que no se pueden explicar. continuó hablando a sus conocidos mientras yo salía a la calle a respirar otros aires. de pronto, en una parte del balcón vi que una estrella parecía mirarme fijamente... ¿que cómo podría saberlo?, pues, vi que esta estrella se puso a unos metros de mi cara... era una especie de puntillo brillante, una estrellita, diminuta pero estrella al fin y al cabo. quise tocarla pero empezó a alejarse de mis manos. ¿quién eres?, pregunté. me habló en un idioma jamás hablado por ser o existencia alguna, pero, le escuchaba dentro de mi, como si fuera aire que entraba a mi cerebro y entendía claramente todo cuanto quería decir. luego de un tiempo supe la verdad, que toda verdad se encontraba dentro de mi memoria, que ella podría contármelo todo. me dijo que cada noche cerrara los ojos y me concentrara en mis primeros recuerdos, que los visualizara para luego hacerlas vivas escenas dentro de mi conciencia... esto tomaría un tiempo pero luego podría ver a la inversa, conversar con mi memoria, pasado o algo así... le hice caso y durante mas de medio año hice cuanto me dijo la estrella. fue extraño pues en todo ese lapso de tiempo pude ver su brillo cerca de mi oscura conciencia. luego, una noche pude verme, sentirme dentro de un recuerdo. entré en aquel momento y me puse a observar cada lugar de aquel recuerdo... toqué las patas de la mesa, las sábanas que cubrían mi cama, las manos de mi madre y mi padre, y luego, pude acercarme a ellos y hablarles... dijeron todo cuanto quería escuchar... lo que mas me extrañó fue que, cuanto decían, parecía ya saberlo. se los dije y ellos dijeron que todo estaba en mi memoria y en cada memoria de cada ser humano existente, que eso era cuanto debíamos saber para entender que todo cuanto deseamos es ser felices, simples y con la paz en nuestras almas... ¿qué fui antes de nacer?, les pregunté. sonrieron y luego ambos se esfumaron, como el humo de un cigarro. iba a dejar aquel momento pero quise seguir tocando y tocando cuanto veía, como arañándome al lugar en que me hallaba, de pronto vi el retrato de un tipo, ya bastante mayor... era el abuelo de mi madre. le pregunté si me conocía en sus tiempos... la foto dijo que no, pero seguimos hablando de sus tiempos, de la gente que vivía con él... fue extraño pues me pareció haberlo sabido de siempre... de pronto vi que estaba en una sala de operación y yo estaba en ella, vestido todo de blanco y con algo rojo en mis manos, mientras no mas de tres personas me miraban y decían: doctor..., doctor... sí, les dije. el corazón, el corazón..., respondieron. mis manos tenían un corazón aún latiendo. vi este músculo vibrando en mis manos, aún cálido; luego, mis manos dejaron de ser mías y operaron al paciente. este tenía el rostro cubierto. era intenso el momento, las luces me hacían sudar, hasta sentía el latir y respiración de cada persona que se hallaba conmigo. de pronto, todo terminó. las personas empezaron a aplaudir mientras yo les miraba sus rostros cubiertos por mascarillas blancas... dos eran mujeres, bajas y regordetas, ya mayores... y el otro era un joven de ojos azules, alto y delgado, bastante agotado y nervioso, como si fuera su primera vez. les seguí mirando y ellos me hablaron con sus ojos, diciéndome que era un gran cirujano, ya mayor y singular entre muchas personas... no sé porqué quise dejar de escucharlos y mirar al paciente, y vi que era una persona que había visto en una oportunidad, que lentamente se desvanecía en mi recuerdo. quise hablarle pero no fue necesario, pues este me decía algo sin mover los labios... fue bello lo que decía... hablaba de seres de otro mundo, mitológicos; hablaba del otro lado de lla vida... no quise saber mas y sentí volver a mi momento real... abrí los ojos y luego decidí salir a la calle a caminar, a pensar. de pronto, en una esquina vi a la anciana, parada en un poste, con un perro blanco... buenas noches, le dije... buenas noches..., doctor, me dijo. seguí caminando hasta llegar a una tienda y comprarme unos cigarrillos. luego, decidí irme a casa y ponerme a escribir...



san isidro, julio de 2008 


Publicado por joeblisouto @ 5:38
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