Lunes, 06 de octubre de 2008
Hubo una vez un niño que nunca envejeció. Sus padres, hermanos, amigos, mascotas murieron… Tan solo sus sueños y recuerdos llegaron siempre a su lado. Tenía los ojos más bellos. Una piel blanca y tersa. Cabellos negros. Vestía siempre todo de blanco, como un ángel. Le llamaban por ello “ángel”. Dueño de varias empresas. Tuvo varias esposas, hijos, nietos, bisnietos… Y todos ellos dejaron de estar a su lado. Tan solo sus sueños, la empresa dedicada a la elaboración de zapatos para niños… nada más. Una mañana soñó que alguien le llamaba desde el otro lado de la vida. Quiso ir, pero sus manos pesaban demasiado, crecían más y más. De pronto no pudo moverse, como si tuviera dos calabazas gigantes a su lado. Pensó en despertar pero aquel sueño le dijo que no lo hiciera. Está bien, respondió. Entonces todo se volvió blanco, casi tanto como la luz. Sonrió de contento pero no de placer y vio ante sí una caravana de diminutas imágenes de colores variados como el girasol. Y todos eran niños, pequeños, diminutos como hormiguitas… ¿Juegas?, preguntaron los pequeños niños. “Ángel”, se levantó sin sus manos, pues ambas quedaron pegadas al lugar en donde se hallaba y empezó a flotar, como todos los niños y seres alados... Vio que lo blanco se volvía verde. Miró hacia arriba y vio crearse el Sol, el cielo, las nubes y seres alados. Fue bello. Lo verde se volvió césped. Los diminutos seres empezaron a crecer hasta hacerse del mismo tamaño que él. Jugó como nunca antes y ya agotado y sintiendo el sudor en todo su cuerpo decidió despertar. Imposible. Imposible. Uno de los niños le había dicho que no podría despertar jamás… Sonrió como nunca jamás y siguió sudando, para toda la eternidad. Y cuando todo se hizo de noche, sintió que no deseaba la soledad. Las estrellas brillaron y sintió que el universo entero era parte de él, y él parte de todo… Fue un bello sueño cuando al tiempo muchos familiares y amigos vieron al niño que nunca envejeció durmiendo como nunca nadie había dormido, y sin poder respirar jamás…

San Isidro, octubre de 2008

Publicado por joeblisouto @ 0:52
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